domingo, 23 de octubre de 2022

Petricor


Hay aromas que buscamos con insistencia en nuestros recuerdos, que conectan historias a través del tiempo y el espacio, y que construyen el hilo de relatos que, pese a la fugacidad de su esencia, aún no tienen rubricado un final. Desde una lejana noche de primavera con olor a luna creciente, a esperanzas a estrenar y al temor de si serán los cipreses, en hilera de doce, los espías de una intimidad buscada con meticulosa ilusión. El perfume de los atardeceres de verano a miles de kilómetros entre tu arena y mi sal, en distintas playas pero con la misma temperatura en el corazón. La fragancia de la lluvia en una tarde de otoño cualquiera, con la suavidad de un momento que ha sobrevivido al torrente contra el cristal, porque primero fue una lluvia fina, fruto de la manipulación que, a pesar de aquel tratado, solo puede ejercer la pura bondad. Después vino el vendaval, vorágine de pasiones, el fuego que lo arrasa todo y tras su ferocidad... el latido, la respiración lenta y la paz. Ese aroma a piel mojada tiene la consistencia de un sueño, al menos eso, un rincón de la memoria para no morir de realidad. 

"Lo extraño es que no sólo llueve afuera

otra lluvia enigmática y sin agua nos toma por sorpresa

 y de sorpresa llueve en el corazón

 llueve en el alma"

Mario Benedetti. 


* Pintura de Claude Monet, 1886, "La lluvia" 


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